
Una escena puede llamar la atención de quienes visitan algunas comunidades judías ultraortodoxas de Nueva York: numerosos residentes utilizan teléfonos celulares básicos, de modelos antiguos y con funciones muy limitadas. Estos dispositivos suelen permitir únicamente realizar y recibir llamadas y, en algunos casos, enviar mensajes de texto.
La razón está relacionada con las normas comunitarias y religiosas que buscan limitar el acceso a internet, las redes sociales y otros contenidos considerados incompatibles con su estilo de vida. Para estas comunidades, reducir el uso de la tecnología moderna forma parte de un esfuerzo por preservar determinadas costumbres, proteger la vida familiar y mantener un entorno social alejado de ciertas influencias externas.
En lugar de teléfonos inteligentes con cámaras, aplicaciones, navegadores y redes sociales, algunos miembros optan por dispositivos conocidos como “teléfonos kosher”, que han sido modificados o configurados para restringir determinadas funciones.
Sin embargo, esto no significa que todas las personas de la comunidad utilicen exactamente el mismo modelo ni que exista un aislamiento absoluto de la tecnología. El grado de restricción puede variar según la comunidad, la familia y las normas establecidas por sus líderes religiosos.
Esta particular relación con la tecnología genera curiosidad entre visitantes y usuarios de redes sociales, especialmente en una ciudad como Nueva York, donde los teléfonos inteligentes forman parte de prácticamente todos los ámbitos de la vida cotidiana.
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