
Marruecos está acelerando una de las mayores transformaciones de su sistema de abastecimiento de agua ante el impacto de la sequía y el estrés hídrico que afecta al país. La estrategia contempla inversiones superiores a 12.000 millones de euros en desaladoras, infraestructura energética y sistemas destinados a transportar el agua hacia las regiones con mayor demanda.
El objetivo es convertir el agua del mar en una fuente cada vez más importante para garantizar el suministro de agua potable. De acuerdo con los planes oficiales, la capacidad de desalación vinculada al abastecimiento de agua potable podría representar alrededor del 63 % de las necesidades nacionales para 2030.
La apuesta responde a años de sequía que han reducido las reservas de agua superficial y aumentado la presión sobre los acuíferos. Frente a este escenario, el Gobierno marroquí busca reducir su dependencia de las lluvias y de las fuentes convencionales mediante una combinación de desalación, reutilización y nuevas infraestructuras hidráulicas.
El plan también contempla nuevas instalaciones en regiones como Tánger, Nador, Rabat, Souss-Massa, Guelmim y Tan-Tan, además de ampliaciones de plantas existentes. En abril de 2026, el Ministerio marroquí de Equipamiento y Agua informó de ocho nuevas estaciones programadas y tres ampliaciones.
La estrategia busca distribuir el agua producida en las zonas costeras hacia los grandes centros urbanos y regiones agrícolas que sufren una mayor presión sobre sus recursos hídricos.
Desalinizar agua de mar requiere una cantidad considerable de energía, especialmente cuando se utiliza el proceso de ósmosis inversa, que emplea presión para separar las sales y otras sustancias del agua.
Por esta razón, Marruecos está vinculando su estrategia hídrica con el desarrollo de energías renovables. El país contempla nuevas inversiones en generación eléctrica y redes de transmisión para garantizar que las grandes plantas desaladoras dispongan de la energía necesaria para operar.
La estrategia supone un cambio importante: en lugar de depender exclusivamente de embalses, ríos y aguas subterráneas, el país busca utilizar el océano como una fuente prácticamente permanente de abastecimiento.
Con esta estrategia, Marruecos busca afrontar uno de los principales desafíos derivados del cambio climático en el norte de África: garantizar agua suficiente para su población, sus ciudades y su agricultura en un contexto de sequías cada vez más prolongadas.
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